Nadie dijo que fuera fácil tener personalidad, ser atractiva, creativa, inteligente, tener sentido del humor y otro sinfín de cualidades que me llevan a ser en consecuencia una persona que destaca, me guste o no, que no viene al caso, y tampoco es nada nuevo que, como bien dicta mi perfil en este blog, unos digan que soy muy buena y otros que soy muy mala, y aunque me importe poco lo que digan, si que me he parado a pensar en el proceso lógico que les lleva a posicionarse en uno de los dos extremos (muy buena/muy mala). Llego así a la paradójica conclusión de que generalmente l@s que me tienen por terrible son precisamente todos aquell@s que en otro tiempo me ensalzaron como muy buena (¿indebidamente?) y el punto de inflexión vendría a marcarlo mi actitud más o menos receptiva. Una relación directamente proporcional por la que a menor interés por mi parte en la persona que en este caso emite el juicio de valor, en peor persona me convierto. Y los motivos de mi actitud vendrían por esta...
"Unos dicen que soy muy buena. Otros que soy muy mala".