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Mostrando entradas de noviembre, 2010

Iter-acciones

Me buscas, apareces, robas mi calma y con ella desapareces.  El tiempo todo lo cura, pero no existe éste si regresas.  Si vuelves esparciendo mi tranquilidad. Ignorando mi paciencia.  Con ironía e inexplicables negativas envasadas al vacío.  La obligación sobre la devoción, ya había oído antes esa canción. Más desconoces que la luna juega de mi parte.  Pronto vendrá otra noche solitaria y el alcohol ganará de nuevo la batalla. Avanzará sinuoso por tu cuerpo y por tu mente.  Dejaran de ser tuyos.  Serán entonces del deseo, que es mío. Y volverás para otra vez no quedarte.  Con tu calma y sin la mía. Con mi impaciencia y tu ironía.

De lo subjetivo de las vidas ajenas

Domingo, seis de la mañana, ella, a días de cumplir treinta y cinco años, ha terminado su obligado y poco amable turno de trabajo como camarera nocturna, regresa a casa en su coche después de haber tomado varias copas tras el cierre, con compañeros de trabajo y algún cliente rezagado. Nada interesante. Regresa sola, noche tras noche, es lo que ha querido siempre, independencia, libertad absoluta por la que ha luchado, ganado y perdido. Aunque últimamente siente que está algo cansada y hace tiempo que la soledad le pesa inexplicablemente. Estos pensamientos se agravan casi siempre bajo los efectos del alcohol y en esta madrugada, sin motivo aparente, de manera especial. Antes de coger el coche para regresar a casa se planteó si estaba en condiciones de hacerlo, dudó mínimamente y al final se atrevió con ello. Ahora el coche parecía llevarla por su propia cuenta mientras ella se autocastigaba mentalmente culpándose de sus siempre malas relaciones con los hombres. Se miraba al retro...