Ir al contenido principal

Le quería tanto...

...que nada fue igual después. Le quería tanto, que jamás volvió a sentir (tener) amor similar.

Le quería tanto, que arrugó todas y cada una de las líneas de expresión de su cara con un desconsolado llanto que nada solucionaría, pero que tanto demostraba.

Le quería tanto, que cada fracaso amoroso posterior, era una victoria merecida.

Tanto, que impregnó de él toda derrota posterior.

Tanto, que todavía no es momento, siquiera de esto.


Comentarios

  1. Que matices mas tristes tiene el amor...Cuando consigo entender que amor y dolor van de la mano, me siento un poquito mas grande, por un breve espacio de tiempo, porque en verdad soy bastante ignorante en esto y a menudo creo firmemente y equivocadamente que son cosas contradictorias.
    Voy camino a ser valiente...espero saber reconoceros, si alguna vez lo consigo, a los que ya lo sois.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

¿Cómo lo ves?

Entradas populares de este blog

Iter-acciones

Me buscas, apareces, robas mi calma y con ella desapareces.  El tiempo todo lo cura, pero no existe éste si regresas.  Si vuelves esparciendo mi tranquilidad. Ignorando mi paciencia.  Con ironía e inexplicables negativas envasadas al vacío.  La obligación sobre la devoción, ya había oído antes esa canción. Más desconoces que la luna juega de mi parte.  Pronto vendrá otra noche solitaria y el alcohol ganará de nuevo la batalla. Avanzará sinuoso por tu cuerpo y por tu mente.  Dejaran de ser tuyos.  Serán entonces del deseo, que es mío. Y volverás para otra vez no quedarte.  Con tu calma y sin la mía. Con mi impaciencia y tu ironía.

La soledad lo es todo cuando no tienes nada

Parecía extrañar que pudiera permanecer sola a pesar del paso del tiempo, a pesar de rechazar frívolas proposiciones y otras más o menos serias. Se preguntaban si aquella última relación no habría estado a la altura y la habría dejado fría al respecto de embarcarse en otra. Nunca hablaba de ello, y ante las preguntas siempre afrontaba el tema con fina ironía, saliendo finalmente por la tangente.  Nadie dejó a nadie, eso fue lo realmente doloroso, no había nada que asumir más que una ausencia sin motivos. No sabía si cabía la esperanza, si lo que hubo regresaría o si jamás volvería a verlo, si le había perdido o finalmente ganado, no sabía si asumir luto, o esperar paciente la victoria. Simplemente desapareció, sin explicación, robando la capacidad ajena de asumir los hechos y dejándola en un estado de semiconsciencia donde a ratos pensaba que volvería, avivando la ilusión, y otros su cada vez más lejana imagen se le antojaba borrosa en el recuerdo. Sigue siendo triste y borr...