Como sólo tenía una tuve que pensar bien donde dejarla caer, finalmente me decidí por un chico que conozco relativamente poco y sólo a cuenta de unos cafés tomados en su cafetería. Bastante tímido y con el que tenemos poca confianza pero muy buen feeling. El plan con una buena amiga era el siguiente, nos acercamos al barrio de la cafetería en cuestión, de paso visitamos el bar de aquella otra amiga, nos echamos unas risas con ella, y a la vuelta, nos las echamos con el tímido y a cuenta de la tarjeta. Trato hecho y tarde-noche organizada.Pero el plan, para no variar, se complica según avanza la tarde. Lo que iban a ser unas risas con la amiga, encantada de nuestra visita, se transforma en quintos y quintos de Heineken sobre la barra y un gintonic de colofón por cuenta de la casa, un chico que antes era chica contando su operación de cambio de sexo, una rubia sesentona de larga melena de paja y cara de víbora que no participa pero no quita ojo ni oído, dos casados ofendidos porque los confundí con una pareja de maricas y una amiga sin intención de abandonar el local.
Salimos tarde y en regulares condiciones, así que no avanzamos demasiado. A apenas veinte metros, en el parque que servía de terraza al bar había un sube y baja infantil de estos que te sientas enfrente de la otra persona e impulsados por las piernas y el peso propio de cada persona imita el movimiento de una balanza. Muy divertido si se hace bien, pero peligroso si se sienta uno sólo pues cae de espaldas sin remedio. Afortunada y ágil que pude engancharme con las piernas al eje central y pedir ayuda -¡haz contrapeso que me la pego!-.
Poco fina estuvo la amiga, en todos los sentidos, la muy cabrona doblándome el peso y no reparando en ello, o sí, se sentó de un sólo y seco golpe. Resultado, espaldazo por su parte que levantó nube de polvo, una pobre amiga que le sobrevuela la cabeza cayendo a su lado, una tarjeta arrugadísima, pelos y ropas llenos de tierra, hojas y algún chicle pegado. Un par de cuerpos policontusionados.
Se nos quitaron las ganas de seguir riéndonos, así que todavía tengo la tarjetita.
mmmm...parece que mi comentario murió...bueno... reintento, que me he reído mucho y que ha venido a ser como el Circo del Sol pero en versión performance improvisada. Ya puesta deberías haber pasado la gorra entre el público y de ese modo amortizar las cervezas.
ResponderEliminarAparte de eso, me reafirmo en que no necesitas tarjetas, te vale pasar a primera vista, al parecer. De todas maneras el afortunado ganador de la tarjeta generará envidias irremediables.
Besos balanceándose de nuevo...