Le quería tanto...

...que nada fue igual después. Le quería tanto, que jamás volvió a sentir (tener) amor similar.

Le quería tanto, que arrugó todas y cada una de las líneas de expresión de su cara con un desconsolado llanto que nada solucionaría, pero que tanto demostraba.

Le quería tanto, que cada fracaso amoroso posterior, era una victoria merecida.

Tanto, que impregnó de él toda derrota posterior.

Tanto, que todavía no es momento, siquiera de esto.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Que matices mas tristes tiene el amor...Cuando consigo entender que amor y dolor van de la mano, me siento un poquito mas grande, por un breve espacio de tiempo, porque en verdad soy bastante ignorante en esto y a menudo creo firmemente y equivocadamente que son cosas contradictorias.
Voy camino a ser valiente...espero saber reconoceros, si alguna vez lo consigo, a los que ya lo sois.