Tengo vicios inconfesables que ahora me apetece compartir. Me gusta el ambiente de la marcha nocturna, el gentío acalorado moviéndose y rozándose por los cuatro costados llevado al éxtasis por las fluctuaciones de la música electrónica. Los cuerpos a temperaturas elevadas, sólo contrarrestadas por esos vasos llenos de hielo y alcohol que además de refrescar abren la mente. Suelo inmiscuirme en esos ambientes de vez en cuando, y acostumbro también a degustar Brugal Añejo con Coca-Cola y mucho hielo. Me gustan las minifaldas exageradas, con unos tacones altos y una camiseta ajustada y con escote insinuante, mi figura se estiliza exageradamente, quedando marcado el punto de equilibro en la cintura, que remarco con algún cinturón grande. Y es que prefiero tener mis braguitas a mano, porque no sé en que momento de la noche, ni si a la vista de alguien, o sólo para mí, pero siempre en mitad de todos, el hielo semiderretido de mi copa terminada pasará a mi boca, para llegar a mi mano y meterlo en mi coñito, derritiéndose casi inmediatamente por el contraste de temperatura, mojando exageradamente primero mis braguitas, y deslizándose después piernas abajo, hasta la planta de los pies, despacio, haciéndome cosquillas, refrescándome, haciéndome sentir un deseo sexual altamente peligroso entre tanta gente.
Tengo vicios inconfesables que ahora me apetece compartir. Me gusta el ambiente de la marcha nocturna, el gentío acalorado moviéndose y rozándose por los cuatro costados llevado al éxtasis por las fluctuaciones de la música electrónica. Los cuerpos a temperaturas elevadas, sólo contrarrestadas por esos vasos llenos de hielo y alcohol que además de refrescar abren la mente. Suelo inmiscuirme en esos ambientes de vez en cuando, y acostumbro también a degustar Brugal Añejo con Coca-Cola y mucho hielo. Me gustan las minifaldas exageradas, con unos tacones altos y una camiseta ajustada y con escote insinuante, mi figura se estiliza exageradamente, quedando marcado el punto de equilibro en la cintura, que remarco con algún cinturón grande. Y es que prefiero tener mis braguitas a mano, porque no sé en que momento de la noche, ni si a la vista de alguien, o sólo para mí, pero siempre en mitad de todos, el hielo semiderretido de mi copa terminada pasará a mi boca, para llegar a mi mano y meterlo en mi coñito, derritiéndose casi inmediatamente por el contraste de temperatura, mojando exageradamente primero mis braguitas, y deslizándose después piernas abajo, hasta la planta de los pies, despacio, haciéndome cosquillas, refrescándome, haciéndome sentir un deseo sexual altamente peligroso entre tanta gente.
Es de lo más morboso que he leido, breve pero intenso, descriptivo, magistral.
ResponderEliminarBerraco me has puesto juer.
Un beso helado