...que nada fue igual después. Le quería tanto, que jamás volvió a sentir (tener) amor similar. Le quería tanto, que arrugó todas y cada una de las líneas de expresión de su cara con un desconsolado llanto que nada solucionaría, pero que tanto demostraba. Le quería tanto, que cada fracaso amoroso posterior, era una victoria merecida. Tanto, que impregnó de él toda derrota posterior. Tanto, que todavía no es momento, siquiera de esto.
"Unos dicen que soy muy buena. Otros que soy muy mala".

No todo resbalón implica una caída.
ResponderEliminarA eso me refería...a que en muchas ocasiones, un tropiezo, evita la caída.
ResponderEliminarSí, entendí a lo que te referías. Pretendía corroborar lo que habías dicho.
ResponderEliminarY también entendí a lo que te referías con lo de las referencias ;)
Por otra parte hay que tener en cuenta que hay veces en las que no te importa caer, incluso hasta te apetece. Por ejemplo, cuando el agotamiento es tal que te caes en los brazos de Morfeo.
Y otras ocasiones en las que querrías haberte caído antes. Es cuando te dicen “ahora te has caído del guindo”.
Y también, hasta te puedes caer en los brazos de alguien. Eso sí que me gusta más. Por eso, me gustaría estar cerca de esa personita para que, si se resbala, poder sujetarla con mis brazos, no sea que se vaya a caer y se haga daño. Porque sé que que es fuerte pero frágil al mismo tiempo. Es parte de su dulzura, de su encanto.