
Al fin me toca entrar al baño. Antes me fijé en la persona que esperaba turno detrás de mí, una señora de unos 60 años, rubia, encorvada, excesiva, algo rara en un intento de parecer arreglada y al día, gastada, con la mirada apagada. Su presencia no era acorde a un lugar nocturno de copas como el que da pie a esta historia. Tampoco se la veía cómoda.
Cuando al fin entro la señora se dirige a mí,
- ¿puedo entrar contigo?.
La invité a pasar amablemente y me dispuse a hacer lo que había ido a hacer, empecé a desabrochar los pantalones y la señora apoyada en la pared me empezó a contar,
- me gusta mucho venir a estos sitios, he venido con una de mis hijas, la pequeña, pero su hermana también me saca de vez en cuando, menos, porque esa está casada y el marido la lleva controlada y sale poco, porque trabaja fuera toda la semana, y es que, hija, he pasado mucho tiempo encerrada en casa con su padre, que además no se portaba bien con nosotras, tuvo un accidente de coche y quedó en una cama, ha estado así 25 años....falleció el año pasado, en paz descanse, lo echo de menos, pero ahora estoy viviendo cosas que no había visto antes.
Le sonreí mientras me secaba con papel.
- me ha salido novio y todo. Un hombre muy bueno, no tan bueno como mi marido antes de tener el accidente, pero es buen hombre, y me trata bien, lo que pasa que a mis hijas no les gusta, porque dicen que sale mucho por los bares, es más joven que yo, a mí también me gustan mucho los bares, pero no siempre me lleva con él, también le gusta ir con sus amigos, entonces yo le pido a mis hijas que me saquen ellas a mí. Porque sola no me atrevo a salir.
Se dispone a repetir mi operación mientras hago uso del lavabo.
- estoy contenta, a veces me siento mal por estar contenta porque pienso en mi marido, que pobre, bastante tuvo de quedarse en cama por el accidente, pero es que nos trataba muy mal. Por eso me digo, ponte la sombra en el ojo y la falda que nos vamos de baile. Y nada, ahora me iré para casa, porque mi hija la pequeña, que es la que me ha traído ha quedado con el novio para ir a no sé que sitio que dice que a mí ya no me va a gustar, así que me voy a casa, y ya otro día que me traiga mi novio, o alguna de ellas.
Le recomendé un par de sitios que le gustarían y salimos de allí una tras otra.
- Un placer guapa.
- Igualmente maja.
Qué envidia...los monólogos del baño de caballeros son bastante menos profundos (dando por hecho que para la señora resultara ser algo trascendente coincidir con la joven autora y tener casi que excusar su presencia allí).
ResponderEliminarAparte, para deleitarnos se requiere, aparte de una pequeña dosis de paciencia, un elevado poder auditivo (cosas de los decibelios de los locales) y una no menos despreciable capacidad de interpretación de los balbuceos del pertinente orador. Y es que, a según que horas y en los baños compartidos, la abundancia de alcohol en vena u otro tipo de sustancias es lo que más desata las reflexiones, aunque suele ir expresado más rápida de cabeza que de lengua.
Y en lo que se refiere a la temática, tenemos desde el despechado que sentencia con un sentido "puta" el abandono que ha sufrido, el amante de los estimulantes que con ojos fuera de las órbitas te comenta lo animado del local y la pedazo de música que suena, como si tú vinieras del espacio y no estuvieras allí o el digno, que despotrica del estado de los baños, olvidando tal vez el contexto y población del lugar en el que se está sacudiendo el miembro mientras habla con quien mira al infinito a su costado.
Pero a veces, de vez en cuando, hasta alguno gracioso hay, también ocurre.
Podría hablar además de ese instante mágico de tratar de adivinar si el que está a tu lado después se lavará las manos o no, pero lo dejaremos para otro día...
;-)
Besotes monologados
:-)
Almodóvar, a Él me recuerda la escena, que en sus peliculas suele aparecer una mujer meando.
ResponderEliminarEs una entrañable historia