
Me gusta cuando la tierra me tiembla a los pies. Adoro cuando creyendo que avanzo segura y teniéndolas todas conmigo pierdo la referencia del punto de apoyo dándome de bruces con lo inesperado. Es lo que más me gusta, lo no previsto, lo que te despierta el instinto, necesito de las emociones que conlleva, declaro la monotonía mi enemigo mortal, y últimamente, y con tal de seguir sintiendo, me da un tanto lo mismo regocijarme en la mierda que bailar entre nubes rosas.
Vengo además observando que la vida sigue un patrón de rachas sin patrón, alternas, pero de incalculable duración e intensidad. Afortunadamente supongo, con previsión perdería emoción. Rachas que como si del mismo viento se tratara, nunca sabrás cuando cambiarán ni desde donde soplarán, ni si durarán horas, días, meses o años. Ni si empujarán colaborando, o nos frenaran enfrentados. Estamos seriamente vendidos a algo que ni siquiera sabemos que es, llámalo destino, azar, llámalo levante, lebeche, o atribúyele los cargos a un Ser superior. Y que nadie piense que está exento, que esto es tan inherente a la vida como inherentes nos hemos vuelto al sistema normalizado de vivirla, por la falta de sentido común, el menos común de los sentidos. Pero eso sería otra historia.
Cuando en esas rachas se va con el viento de frente se tiende a recurrir a pensamientos autoconformistas, se piensa, para mantenerse en ese limbo que es estar jodido, en el momento en el que toque de nuevo un cambio, y necesitas creerlo aunque no termines de verlo muy claro, aunque sepas que a veces soplaron rachas por años. Y creas una alerta fingiendo, para que no te pillen dormido los puntos de inflexión. Luego, en un momento dado viene la percepción, empiezas ya no a creer, sino a sentir que avanzarás con menos dificultad. Y será por más o menos tiempo, con mayor o menor intensidad, pero como es dejará de ser, y como vino se irá para dar paso a más.
En cualquier caso brindo hoy por las inyecciones de adrenalina que te pone la vida cuando detecta que dejaste de segregar endorfinas. Y por sus colores.
Se suele decir que no dejar nada a la improvisación es bastante seguro, pero tremendamente aburrido. Y además, nada es infalible, de modo que brindo también por lo inesperado y por la adrenalina, por mucho que de vez en cuando la vida nos dé unos meneos de mucho cuidado.
ResponderEliminarAbrazos, sin besos, no quiero resultar previsible.
:-P
que hermosas fotos... me encantan... me tengo que pasar más veces por aquí. Buen gusto y erotismo a flor de piel.
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