
Entiendo extrapolar en este caso como el acto posterior a una etapa de introspección. Esto es lo que viene pasando. Y aunque lo cierto es que no me apetece nada escribir, es de esas veces que quizá más falta me haría hacerlo, esos momentos que te bloquean por intensos, y se te agolpan los pensamientos y las palabras, y que aunque posiblemente sea mejor apagar los rescoldos latentes antes de transcribir, es terrible la sensación de que te bloquea no el vacío, sino el exceso. Me falta cordura para enfrentarme al blanco papel. A veces me planteo la irreversibilidad del asunto de la inapetencia de seguir manteniendo este sitio, aunque no sería la primera vez que tuviera un parón circunstancial y concreto, como cuando trascendió más de la cuenta, y también cesó en épocas de relación social desmesurada, de esas que van por rachas y se enfrentan desde el extremo opuesto a las cada vez más acostumbradas y acomodadas fobias sociales. Un blog, a fin de cuentas, nacido de cenizas, restos y odio. Endulzado en contadas ocasiones y sólo haciendo alarde de la capacidad de despiste y vaga memoria de que hace uso el ser humano tropezando una y otra vez en la misma piedra del camino que decidiste seguir. Ese que no es ni fácil, ni el acertado. Con la capacidad de reacción tan a flor de piel a fin de preferiblemente prevenir antes que enmendar cualquier fallo del sistema, que cualquier esbozo de sentimentalismo termina por resultar frívolo. Usando cortapisas en las interacciones y entonando en la soledad falsos cánticos de autoestima en un intento de pasar por alto la vida, aún creyendo firmemente que hoy es un buen día para arrancar esa página al libro o, en su defecto, arrojar el libro entero al fuego. Aún sabiendo a ciencia cierta que mañana también lo será. Críticas a lo de siempre, que nunca cambia y se te lleva la esperanza, autodestrucción masiva, y el sexo que se me cuela aquí fácil. Más fácil desde que esto se convirtiera en un tablón de mensajes cruzados y enlazados entre la jauría hormonal del ciberespacio. El ancho de banda que se me puso a disposición terminó por quedárseme estrecho, provocando un error grave de lectura y enviando así el tablón a tomar por culo. Y llegó el principio de la leve recesión, la cómoda oscuridad a la que la vista se acostumbra fácil y esa ya conocida sensación de haber caído del cielo, directa al infierno. Y sale mi peor yo, ese que remonta quizá porque los falsos cánticos están ya casi tan instaurados como las fobias. Y pasas de sentirte muy única, a sentirte una estándar, y es entonces que va y te muerde la jauría y que piensas que has tocado fondo. Luego hay quien te recuerda que no, que eso es sólo el comienzo y que ahora empieza la ardua y no menos ingrata tarea de escarbar en el fondo que creías haber tocado.
No obstante, como tantas otras cosas, escribir en voz alta es algo que hacemos gratis, como regalar un abrazo o una mirada y supuestamente debe servir no al engorde artificial del ego sino a enriquecer el espíritu, escarbando o no, mirando en una especie de espejo a modo de reciclado querido diario de antaño, público en este caso y expuesto a la jauría humana.
ResponderEliminarPero verás, desde la distancia y a pesar de lo que la ausencia de contexto conlleva, puedo apostar sin demasiado temor a equivocarme que eres de sobra inteligente y sabes perfectamente separar el grano de la paja y la hormona de la neurona. Además, vayas donde vayas en tu vida siempre habrá quien te quiera colgar en un tablón de deseos, aunque sea para pedirte para Navidad. Es el precio de la seducción a primera vista, sin tener que volver a pasar.
De todas maneras, la idea de la autodestrucción me da a mí que no merece demasiado la pena, y te veo más disfrutando de aquello que te haga cosquillas en el interior.
El resto?
Al carajo, que no está la vida para perder la sonrisa ni para hacernos aún más antisociales sino para vivirla, no?
Besos para ti y un ramo de crisantemos para la portera difunta, ahora que me acuerdo.
Recuerda el alma dormida, aviva el sexo y despierta contemplando como se pasa la vida tan callando, cuan presto se va el placer y como después de acordado da dolor, como, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor.
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