Antes era la República Independiente de mí misma, y ahora que he declarado la Soberanía resulta que soy una Reina y todo son ventajas. En cualquier caso he instaurado el verde con tendencia a rojo como colores de la bandera, y las primeras citas como deporte nacional. Además en mi Estado sólo jugamos en 1ª división a ese adictivo juego de ligas, y nunca mejor dicho, en el que sentado frente a una persona casi desconocida, y con vistas y fin de conocerse más a fondo con pretensiones de intimar, se van abriendo y cerrando puertas y recorriendo pasillos por el tablero del juego de la vida del oponente, unas veces pidiendo permiso, otras, invadiendo y sorprendiendo. Partidas de pura seducción lanzadas con vileza desde una distancia media-corta con tendencia a corta-muy corta. Valorando taxativamente hasta donde puedes estirar la situación, acercándote con tacto al punto exacto en que tiene el límite la otra persona, con cuidado siempre de no sobrepasarlo, pues no habría vuelta atrás. Para colmo cuando uno lleva el juego en la sangre ni siquiera es necesario entrenamiento, siendo la única y suficiente táctica/arma de juego la improvisación, empatía y encantos naturales o no.Tampoco hay premios materiales, pues en principio la degustación de la víctima por parte del ganador y las dos cervezas que se consumen durante el encuentro es considerado más que suficiente. Una partida dura 60 minutos y se juega en un dos tiempos divididos por el momento en que uno de los dos, generalmente el que ha bebido más rápido, abandona el campo para entrar al baño. Si la cosa va bien pueden haber muchos viajes al baño pues el tiempo es infinitamente prorrogable siempre y cuando ambos estén de acuerdo y no haya causa mayor que lo impida. Se supone que al final del segundo tiempo las partes deben confesar como se sienten y su intención si así lo desean de abandonar o continuar.
Como deporte en sí no está mal si obviamos su carácter adictivo y que, los jugadores de primera división suelen llevar varias partidas a la vez hacia adelante, y es complicado encontrar tablero libre, lo que genera ansiedad y a fin de cuentas, mono.
Yo, no obstante, tengo un partido pendiente, mono, ganas, y el más mínimo temor por que me saquen tarjeta...verde.
Algo me dice que habrá cola (valga la redundancia) para nacionalizarse. Lástima que uno sea torpe en esas distancias y que ni siquiera beba cerveza, pero seguro que hasta para los espectadores resulta un deporte divertido.
ResponderEliminarBesos y una caña.
Hyku, aquí no cabe ni Dios.
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