
A veces una pérdida (que no perdida) duele más por que lo que acarrea que por la pérdida en sí. No me pilla de sorpresa que cierto tipo de reuniones predisponen a destapar la caja de la mierda, y recuerdo perfectamente de una vez para otra su insostenible hedor, diría que, más que por rachas cortas, casi ni me lo quito de encima. Tampoco caen en el olvido las consecuentes y lógicas caras largas y averdosadas, no me pilla de sorpresa no, pero, !hostias lo que me jode!. Casi más que la pérdida, ya digo.
Tal vez la pérdida no era demasiado cercana al sentimiento, porque cuando lo es te la trae al pairo todo lo demás.
ResponderEliminarBesos sin consecuencias