Partiendo de la base de que soy más de soñar despierta que dormida, ha venido a mi mente hace escasamente unos días y a raíz de unos sueños recurrentes actuales, que hace algunos años, como veinte, y a consecuencia de un juego de niños en el que tras invocar por triplicado a vete tú a saber quién, se suponía que en sueños podrías ver al hombre de tu vida. Con doce años supongo que aquello empezaba ya a preocuparme más que el conjunto de ropa interior que le pondría a la Barbie, así que aquella misma noche (la paciencia sigue sin ser mi mejor virtud), soñé, dormida, que me ahogaba tranquilamente en el mar, y digo tranquilamente porque no recuerdo que hiciera nada por evitar el hundimiento lento pero constante en aquel mar verde esmeralda tan tranquilo como yo, en el que no se divisaba ni una ola ni nadie alrededor, ni costa siquiera, y que mantenía una temperatura tibia sospechosamente excesiva aunque agradable. En un momento determinado, supongo que cuando estoy en las últimas, escucho un sonido a lo lejos y observo una lancha a motor con un hombre a bordo, que se acerca a mi posición lanzándome finalmente un cabo que me salvaría de mi fatal destino.
Desperté aquel día absolutamente creída de que aquel era sin duda el hombre de mi vida, y le grabé para siempre en mi cabeza con el fin de reconocerle cuando finalmente apareciera. Me aprendí su cara, sus gestos, el volumen de su cuerpo, su pelo gris, su atractiva sonrisa, la forma de dirigirse a mí. Aquel sueño se volvió recurrente, así que volví a ver a ese hombre, aunque siempre y sólo en sueños.
Decía que hacía años que no recordaba ese sueño, fruto supongo de la pérdida de inocencia y adaptación excesiva a la realidad. Quizá por esto también hacía años que no tenía sueños recurrentes, y me resulta cuanto menos curioso que fuera jugando otra vez, a un juego para adultos ahora, que conociera a quien en su día quise creer era el hombre de mis sueños, y que fuera a raíz de él que volvieran los sueños recurrentes.
Ahora en mis sueños no me ahogo, aunque la sensación de tranquilidad es la misma, y sigue estando muy presente el mar.
Tphyo* te desea Feliz Navidad!. o como nosotros preferimos decirlo...Feliz fiesta de las luces!
ResponderEliminar¡Gracias por volver, Marta!
ResponderEliminarHuy huy huy...si yo fuera psiquiatra y argentino!
ResponderEliminarEdmundo.
me congratula ver que por aquí seguimos los mismos :)
ResponderEliminarEn tal caso...vamos a suponer que es un buen indicio. Y que lo hayas considerado interesante como para romper el silencio...más.
ResponderEliminarBesos marinos
Curioso que con esa edad soñaras con un hombre de pelo gris y más curioso que lo encontraras en la realidad... después de todas esas concidencias casi se entiende esa tranquilidad.... dichoso él... aunque ya el pelo lo tendrá más blanco que gris.... aunque ya sabes lo que dijo el tango, veinte años no es nada...
ResponderEliminarBesos morbosos
Hermes, a lo mejor cuando lo soñaba ya lo hacía con la edad que tiene ahora, no tiene por qué haber envejecido ^^
ResponderEliminarUn buen indicio se me queda corto Hyku. Es toda mi ilusión.
ResponderEliminarHermes, no nombremos los tangos...que me empiezan a salir llorones.
Y sí, le soñé tal y como le encontré, pero no le encontré ahora, sino hace trece o catorce años. Él a mí si me ha encontrado ahora, pero es que antes yo no tenía la cabecita como ahora, ni estas tetas, ni la cadera tan bien formada.
Estas tetas? y la caderita tan bien formada?... será cosa de ver ambas... aunque así dicho... debes estar bien formada para la danza del vientre... vamos digo yo...
ResponderEliminarbesos morbosos
Hermes....ni te imaginas todo lo que soy capaz de hacer con la bien formada caderita ;)
ResponderEliminarUna alegria saber que no te has ido y sigues por aqui. Como ves, aqui seguimos los mismos marta-adictos ;) de siempre.
ResponderEliminarY no queremos perderte (por favor, por favor)
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