A veces ocurre que la vida misma, cansada de oir quejas, o como compensación a una mala racha, te concede placeres inesperados. De hecho a veces parece que la vida es mismamente eso. Es entonces cuando suena tu móvil de madrugada y la insospechada voz masculina más dulce que hayas oído en toda tu vida y perteneciente a un físico que te entró desde el primer momento, te invita sin siquiera presentirlo a acompañarle a algún lugar encantado de esos en los que se pierde la noción del tiempo. Donde la música que flota parece escogida por o para ti. Donde la capacidad de previsión desaparece extasiada sobre los blancos colchones en los que las miradas se cruzan en diagonal por la diferencia de alturas de los cuerpos, que satisfechos de mojitos muestran entre tímidos y descarados, que a pesar de lo inmejorable de la circunstancia, todavía se prometen un largo peregrinaje horizontal que con total probabilidad traerá el amanecer sobre ellos. Un amanecer tan dulce o más que los propios mojitos.
Y es que ya se sabe, que hay días en que no vives, y otros en los que sientes que toda la vida se concentra en un instante.
Últimamente, en mi caso más vale que una llamada de madrugada sea por un asunto urgente, a ciertas horas no entiendo de dulzuras de voz, creo que me hago mayor y cascarrabias.
ResponderEliminarBesos nocturnos
Ese momento da valor a tu vida, "toda tu vida se concentra en un instante", uno solo de esos diamantes puros es suficiente para justificar tu existencia. Entonces has vivido. ¿Podrás añadir más diamantes a tu colección?
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