...que nada fue igual después. Le quería tanto, que jamás volvió a sentir (tener) amor similar. Le quería tanto, que arrugó todas y cada una de las líneas de expresión de su cara con un desconsolado llanto que nada solucionaría, pero que tanto demostraba. Le quería tanto, que cada fracaso amoroso posterior, era una victoria merecida. Tanto, que impregnó de él toda derrota posterior. Tanto, que todavía no es momento, siquiera de esto.
"Unos dicen que soy muy buena. Otros que soy muy mala".

El premio de la perfección es poder igualarla. Tal vez el mérito futuro esté en el polvo perfecto sin joder después
ResponderEliminarbueeeeeno....... en peores plazas hemos toreado, nunca digas nunca jamás, ni este es mi último hombre, no me seas tan conformista, porque no sabes lo que te puedes perder.
ResponderEliminarJoe
ResponderEliminarLo comprendo perfectamente. Es más, lo estoy sufriendo ahora.
ResponderEliminar