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Intenta no respirar

...al respirar, propongo ser quien ponga el aire...

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Cábala frente al Mediterráneo

Andaba pensando en otros tiempos remotos, remotos, vaya, en la medida de lo posible, pues cuando una tiene recién cumplidos los 31 tampoco se puede retroceder mucho en el tiempo. Me recordaba a mí misma hace escasamente una década, recién entrada en la veintena, aquellos años cobrizos, que no dorados, y que nada tienen que ver con el tinte del pelo, en los que creía saberlo todo. Revisando alguna foto de entonces observo pocas diferencias físicas, prueba de que el paso del tiempo me está tratando bastante bien, pero sí una gran diferencia en la mirada, sin duda alguna el paso del tiempo se ha llevado mi inocencia, aquella que irradiaba candidez en cada caída de ojos, la mirada de alguien que, creyéndose en posesión de la verdad absoluta quemó etapas a velocidad de vértigo, muy por encima del orden natural de las cosas, y lo peor de todo, es que ahora me doy cuenta de que lo hice no estando ni mínimamente preparada. Hoy día quizá si lo esté, sin embargo he perdido entusiasmo, pocas cosa...

Sueños recurrentes

Partiendo de la base de que soy más de soñar despierta que dormida, ha venido a mi mente hace escasamente unos días y a raíz de unos sueños recurrentes actuales, que hace algunos años, como veinte, y a consecuencia de un juego de niños en el que tras invocar por triplicado a vete tú a saber quién, se suponía que en sueños podrías ver al hombre de tu vida. Con doce años supongo que aquello empezaba ya a preocuparme más que el conjunto de ropa interior que le pondría a la Barbie, así que aquella misma noche (la paciencia sigue sin ser mi mejor virtud), soñé, dormida, que me ahogaba tranquilamente en el mar, y digo tranquilamente porque no recuerdo que hiciera nada por evitar el hundimiento lento pero constante en aquel mar verde esmeralda tan tranquilo como yo, en el que no se divisaba ni una ola ni nadie alrededor, ni costa siquiera, y que mantenía una temperatura tibia sospechosamente excesiva aunque agradable. En un momento determinado, supongo que cuando estoy en las últimas, escucho...

Le quería tanto...

...que nada fue igual después. Le quería tanto, que jamás volvió a sentir (tener) amor similar. Le quería tanto, que arrugó todas y cada una de las líneas de expresión de su cara con un desconsolado llanto que nada solucionaría, pero que tanto demostraba. Le quería tanto, que cada fracaso amoroso posterior, era una victoria merecida. Tanto, que impregnó de él toda derrota posterior. Tanto, que todavía no es momento, siquiera de esto.