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Sudoku


Tumbada a su lado en la enorme cama abarcaba con constancia y cierto descaro el espacio ajeno en busca de un abrazo que le transmitiera lo que había venido a buscar. Estaba ahí sólo por eso, no había ningún otro motivo. Era una necesidad no orgánica por cubrir. Sin más complicaciones ni explicaciones en una u otra dirección. No las requería. Tampoco requería sexo. Ni palabras. Ni promesas. Ni siquiera confesiones íntimas. Un abrazo, la seguridad por parte de quien lo recibe, sabiéndolo entregado desde unos brazos tan especiales, una seguridad desde luego no encontrada en cualquier abrazo, una necesidad aletargada en el espacio-tiempo y ahora recién renovada y expuesta.


Él giró su cuerpo al lado contrario a ella, y con naturalidad aplastante, comenzó a hacer el sudoku.

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Cábala frente al Mediterráneo

Andaba pensando en otros tiempos remotos, remotos, vaya, en la medida de lo posible, pues cuando una tiene recién cumplidos los 31 tampoco se puede retroceder mucho en el tiempo. Me recordaba a mí misma hace escasamente una década, recién entrada en la veintena, aquellos años cobrizos, que no dorados, y que nada tienen que ver con el tinte del pelo, en los que creía saberlo todo. Revisando alguna foto de entonces observo pocas diferencias físicas, prueba de que el paso del tiempo me está tratando bastante bien, pero sí una gran diferencia en la mirada, sin duda alguna el paso del tiempo se ha llevado mi inocencia, aquella que irradiaba candidez en cada caída de ojos, la mirada de alguien que, creyéndose en posesión de la verdad absoluta quemó etapas a velocidad de vértigo, muy por encima del orden natural de las cosas, y lo peor de todo, es que ahora me doy cuenta de que lo hice no estando ni mínimamente preparada. Hoy día quizá si lo esté, sin embargo he perdido entusiasmo, pocas cosa...

Le quería tanto...

...que nada fue igual después. Le quería tanto, que jamás volvió a sentir (tener) amor similar. Le quería tanto, que arrugó todas y cada una de las líneas de expresión de su cara con un desconsolado llanto que nada solucionaría, pero que tanto demostraba. Le quería tanto, que cada fracaso amoroso posterior, era una victoria merecida. Tanto, que impregnó de él toda derrota posterior. Tanto, que todavía no es momento, siquiera de esto.

Iter-acciones

Me buscas, apareces, robas mi calma y con ella desapareces.  El tiempo todo lo cura, pero no existe éste si regresas.  Si vuelves esparciendo mi tranquilidad. Ignorando mi paciencia.  Con ironía e inexplicables negativas envasadas al vacío.  La obligación sobre la devoción, ya había oído antes esa canción. Más desconoces que la luna juega de mi parte.  Pronto vendrá otra noche solitaria y el alcohol ganará de nuevo la batalla. Avanzará sinuoso por tu cuerpo y por tu mente.  Dejaran de ser tuyos.  Serán entonces del deseo, que es mío. Y volverás para otra vez no quedarte.  Con tu calma y sin la mía. Con mi impaciencia y tu ironía.