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I'm your man (Leonard Cohen)

Si quieres un amante, haré todo lo que tú me pidas, y si quieres otro tipo de amor, me pondré una máscara por ti. Si quieres un compañero, toma mi mano, o si quieres golpearme con rabia, aquí estoy, soy tu hombre. Si quieres un boxeador, saltaré al ring por ti, y si quieres un doctor, examinaré cada pulgada de ti. Si quieres un conductor, súbete, o si quieres dar una vuelta, sabes que puedes, soy tu hombre. Ah, la luna es demasiado brillante, la cadena está demasiado apretada, la bestia no se irá a dormir, me he estado moviendo entre esas promesas que hice para ti y que no puedo cumplir. Ah, pero un hombre nunca consigue que una mujer vuelva, me arrodillaría, gatearía por ti, nena, y caería a tus pies, y aullaría a tu belleza como un perro en celo, y me agarraría a tu corazón, y lloraría en tu sábanas, y diría, por favor, por favor, soy tu hombre. ...

El que espera, desespera

"Lo que tarda tanto en llegar es igual que si no hubiera llegado, peor incluso, porque el cumplimiento a destiempo de lo que tanto se deseó acaba teniendo un reverso de sarcasmo." Eurípides de Salamina (poeta trágico griego) Odio esperar, lo odio profundamente, de las cosas que más odio en esta vida, será que esperé mucho en el pasado y no con buen resultado que intento huir de ello, pero me siento inevitablemente abocada pues en juego suelen entrar más intenciones aparte de la de una misma. Cuando el teléfono no suena el silencio habla. Y es indolente pues actúa a traición, cuando menos lo esperas, y grita más fuerte al ritmo que una intenta relajarse. Y logra que no lo consigas. Y cuando esperas, sólo esperas, no avanzas. No llama, no lo ha hecho, y es más que evidente que ya no lo hará. Me suele costar alrededor de una semana hacerme a la idea, los dos primeros días se piensa que así será, que alguna vez tiene que salir bien, llamará, y todo será como parec...

Besar ranas (y sapos)

Podría hacer memoria, debe hacer como siete años, que no hago más que hacer honor al título de este post. Podría seguir haciendo memoria y recuento, pero sería poco elegante por mi parte, pero muchas, han sido muchas ranas. Y seguir recordando, que no rememorando, y ver, desde la objetividad que da el paso del tiempo y la distancia, que entre esas ranas he dado también con sapos, algunos de ellos venenosos. Las ranas pasaron, la mayoría, sin mucha pena ni gloria, la cosa ha venido funcionando por proyectos, marco objetivo, defino estrategia, ataco, capturo y generalmente desaparezco.  Con los sapos ha sido más complicado y sinceramente a día de hoy todavía no tengo palabras. Quizá sea esa falta de palabras la que haya parido este post. Sapos, ranas, besos, distancia, tiempo, objetivos, veneno, metas, huídas, encuentros y desencuentros. He seguido a pies juntillas la declaración de intenciones de este sitio, "c onsidero sentir como lo más interesante de la vida. Adicta...

Amor, locura, razón y las verguenzas del ser humano

Siempre hay locura en el amor . Siempre hay algo de r azón en la locura, y la verdadera locura a fin de cuentas no es más que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las verguenzas del ser humano ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.

Crónicas

Recostada junto a él dió una calada al Marlboro que compartían, expulsó lentamente el humo y comentó sonriente - son las seis de la madrugada -. Hacía horas que, desnudos, acompañaban con sus cuerpos  el balanceo del reflejo de la luna sobre las olas, alternando movimientos y posiciones en una enorme y a estas horas húmeda cama, frente al abierto ventanal de aquel hotel sobre el mar Mediterráneo, en el que la brisa de los primeros días de mayo ayudaba refrescando el caldeado ambiente. Subieron a la habitación pasada la medianoche. Hasta las once, ella, por su cuenta, recorría ociosa la ciudad agotando las últimas horas del fin de semana, y hasta casi esa misma hora él ultimaba temas laborales. Nada hacía presagiar que terminarían encontrándose. Ahora pegados, vacíos, mojados, él tras ella, la abrazaba rodeándola con sus brazos, le recorría con los labios el cuello, y entre tanto, todavía a ratos, y como si seis horas no hubieran acabado con todas...

Como venía diciendo...

Sigo siendo la misma, sigo sintiendo lo mismo, sigo siendo fiel a mis principios y sigo sin tener otros de reserva, sigo sin as en la manga y con las cartas sobre la mesa, sigo sin poder callar ante lo que mi criterio considera injusto, por mucho que el silencio me favoreciera en intereses, me sigue pudiendo lo emocional, el sentir, sobre lo material, el tener. Lo fácil es cambiar, escucho, lo inteligente, me dicen, cambia, ponte la chaqueta que en cada momento te favorezca, por ejemplo, para tratar a aquel, la de piel de cordero, ponte esta noche la de toro por si tuvieras que empitonar a alguien, no olvides los viernes tarde la de víbora venenosa y ten siempre a mano la de zorra, que es útil. Cambia, continúan, y les veo cambiar a ellos, con esas maletas llenas de pieles falsificadas que provocando una carga excesiva en equipaje les merma visiblemente la libertad de salir corriendo. Sinceramente dudo que favorezca, ni siquiera de puertas afuera, ¿interesa?, soci...

143 días (y va para 500 noches)

Ciento cuarenta y tres días sin pasar por aquí. Ciento cuarenta y tres días que han dado paso a otra tranformación. Capítulo sesenta y dos creo. Ciento cuarenta y tres días en los que he pasado de tener una casa de 30 metros a tener un despacho de 65. De conducir una bicicleta plegable, a desplazarme en ML o X3 e incluso en un Porsche descapotable. De huir del director del banco, a recibir trato de alfombra roja. De un puesto obrero, a otro ejecutivo. De la ansiedad impaciente a la balsa de aceite (salvo épocas premenstruales). De los 52 kilos, a los 57. De amistades de todo tipo (llamábanme globalización), a las relaciones con banqueros y empresarios. Con misma naturalidad e igual acierto, eso sí. De postear en ocasiones desde un ciber porque el vecino decidía desconectar la wifi, a hacerlo vía Iphone 3GS 32 GB. De los vaqueros de Zara a los de Miss Sixty. Del tabaco de liar Pueblo, al adictivo Marlboro. De asomarme tras el fotógrafo...