
Sollozos y gemidos derramados desgarran el lecho donde arranqué temporales de perpetuos desafíos a la muerte. Coqueteos con veneno en la espiral de los límites de la que hoy soy esclava. Ataduras de mi existencia a una figura que rasga sin aparente razón la voluntad. Ausencias detenidas por el tiempo que crueles se arraigan a las entrañas. La huella surreal de un cuerpo ilusorio que nunca debió ser contrastando con la realidad aún presente en unas sábanas, todavía impresa en un cuerpo por un cuerpo al que permanezco encadenada. El alma agotada. Furia presente hora tras hora que vaga lacerando recuerdos en la piel. Tormentas de rabia contenidas, espasmos sólo cesados por naúseas sangrientas. Heridas de guerra, llagas de amor. Mi peor yo.
Cada lágrima que araña las mejillas del corazón, cada uña que clavas impotente en la piel de tus manos, cada segundo de rabia que desgarra el presente que sea otra lección de la vida, que te haga surgir el mejor tú. Como siempre.
ResponderEliminarEl aspecto del blog me gusta, más cuando uno es aficionado a los contrastes. Pero sigo sonriendo recordando la frase del amor a primera vista, así que no la guardes muy profundo en el cajón del recuerdo. Y bienvenida al infierno, no temas por la caída, con tod@s los que somos, será mullida.
;-)
Un besote...y ya sabes..
:-)
Nada tan imprevisible como la reacción que nos provoca en un momento dado una vivencia que nos vuelve del revés, que nos socava los cimientos, que nos estremece más aún que el llanto o la ira que nos pueda provocar, y que nos lleva a una especie de estado caótico desde el cual debemos recomponernos.
ResponderEliminarY ese estado caótico ha hecho surgir cosas olvidadas, rasgos de nuestro carácter que habían sido rechazados, mantenidos a golpe de super-ego en el letargo, por el miedo que nos produce lo que pasaría si los dejamos salir. Y es en esos momentos cuanto más presentes se hacen, cuando más intentan aprovechar la oportunidad de lograr protagonismo en lo que estamos recostruyendo, cuando más reclaman su presencia haciéndonos ver que son necesarios, que de haber estado ahí antes, posiblemente no nos hubiera pasado nada. Cuando más tentadores se hacen.
No sé cual es el tuyo, pero ese es mi peor yo. El formado por todas las características que he ido rechazando a la hora de formar parte de la personalidad que he ido conformando con el paso del tiempo. Y es el peor porque me haría ser distino, me haría ser otro en un lapso de tiempo tan corto que no sé si podría volver a asimilarme a mi mismo, o preferiría destruirme para siempre.
Si tuvieramos esa capacidad camaleónica ¿cuantos yo seríamos?. Siempre me ha intrigado esa respuesta.