Le quería tanto...

...que nada fue igual después. Le quería tanto, que jamás volvió a sentir (tener) amor similar.

Le quería tanto, que arrugó todas y cada una de las líneas de expresión de su cara con un desconsolado llanto que nada solucionaría, pero que tanto demostraba.

Le quería tanto, que cada fracaso amoroso posterior, era una victoria merecida.

Tanto, que impregnó de él toda derrota posterior.

Tanto, que todavía no es momento, siquiera de esto.


Sudoku


Tumbada a su lado en la enorme cama abarcaba con constancia y cierto descaro el espacio ajeno en busca de un abrazo que le transmitiera lo que había venido a buscar. Estaba ahí sólo por eso, no había ningún otro motivo. Era una necesidad no orgánica por cubrir. Sin más complicaciones ni explicaciones en una u otra dirección. No las requería. Tampoco requería sexo. Ni palabras. Ni promesas. Ni siquiera confesiones íntimas. Un abrazo, la seguridad por parte de quien lo recibe, sabiéndolo entregado desde unos brazos tan especiales, una seguridad desde luego no encontrada en cualquier abrazo, una necesidad aletargada en el espacio-tiempo y ahora recién renovada y expuesta.


Él giró su cuerpo al lado contrario a ella, y con naturalidad aplastante, comenzó a hacer el sudoku.

Iter-acciones

Me buscas, apareces, robas mi calma y con ella desapareces.
 El tiempo todo lo cura, pero no existe éste si regresas. 
Si vuelves esparciendo mi tranquilidad.
Ignorando mi paciencia. 
Con ironía e inexplicables negativas envasadas al vacío.
 La obligación sobre la devoción, ya había oído antes esa canción.

Más desconoces que la luna juega de mi parte.
 Pronto vendrá otra noche solitaria y el alcohol ganará de nuevo la batalla.
Avanzará sinuoso por tu cuerpo y por tu mente. 
Dejaran de ser tuyos. 
Serán entonces del deseo, que es mío.
Y volverás para otra vez no quedarte. 

Con tu calma y sin la mía.
Con mi impaciencia y tu ironía.